nueva edición, misma yo

Hace algunos años me hice el hábito de escribir todos los días.

Nació un poco sin querer y por una necesidad del alma, como casi todo. Empecé con una libretita café, un lápiz y un corazón partido que necesitaba un lugar seguro para desahogarse. Lo encontré.

No sabía cómo sentir, y escribiendo aprendí que la sensibilidad —como Dios— siempre estuvo en mí, aunque la silenciaba, la escondía, la juzgaba o no la entendía.

La pasta dura como coraza y el grafito suave, titubeante, con miedo a equivocarse, abrazaron las palabras que, al brotar, me iban depurando y en cada página, purificando.

Pasé a la tinta y al lienzo en blanco, un poco más valiente, menos rota. A veces releo esas versiones de mí que ya no están, pero aún existen entre hojas húmedas y letras borrosas. He cambiado. Nunca dejé de escribir. Nunca dejé de ser yo.

Claro que no soy la misma de mi primer diario, ni de la libreta café, ni de la azul, ni de la roja. Pero amo cada capítulo, cada verso y cada nota; cada párrafo que me contuvo y cada texto que habita todo lo que he sido y lo que soy.

En esta edición quiero hacer algo nuevo.

He pensado y pensado. Si escribo todos los días, puedo hacerme el nuevo hábito de compartir al menos un pensamiento al día —y callar todos aquellos que me cuestionan: ¿para qué, si eres feliz entre libretas?

Quizás me acostumbré tanto a la mano y su movimiento, a dejar que lo que arde aquí dentro se fugara por mis dedos sin consumir el papel, que hoy me cuesta escribir con una letra que no es mía: detrás de una pantalla, sin ritmo caligráfico, sin palabras distorsionadas por gotitas cenitales, ni tachones, ni flechas con pequeñas anotaciones.

Quizás ese es solo mi pretexto para seguir escondida en libretas apiladas al lado de mi cama y no compartir lo que pienso. Pero pienso —y esto te lo quiero compartir— que quizás leer alguno de esos pensamientos, aun los más míos, te pueda ayudar a sentir, como me ayudó a mí.

Y si ya sabes sentir lo suficiente, entonces entenderás este deseo que un día dejó de ser miedo para convertirse en una necesidad humana latente: vulnerarme.

Gracias por sentir conmigo.
Gracias por leerme.

Publicado por


Deja un comentario